Las farmacias de Nueva York

Las farmacias de Nueva York

Me atraen las farmacias, más que las farmacias la historia de la medicina y la idea antigua de la botica, hasta el punto de que cuando llegué a Nueva York una de las cosas que más me sorprendieron fueron las farmacias.  Eso fue en el 2010.  Le contaba a mis amigos, flipando, que había comprado una coca-cola en la farmacia, venden revistas de corazón y tienen donuts de todos los colores -! Si tío, en una farmacia ¡

Hoy de camino a casa, en el metro, he leído unos capítulos de Un año en el otro mundo del gran periodista del siglo pasado Julio Camba (una delicia para cualquier amante de los viajes). En 1916 fue enviado por el diario ABC a Nueva York como corresponsal para contar a los españoles como era la vida en el otro mundo. Una de sus crónicas me da la razón. Por fin he encontrado una persona (ya muerta y que estuvo en la gran manzana hace cien años) y que se quedó tan perplejo como yo cuando entró en una farmacia.

Y aquí comparto con vosotros las impresiones de Julio Camba cuando visitó una botica en el otro mundo por primera vez.  Siguen manteniendo la misma esencia que hace un siglo.

Botica de Nueva York, 1900

¿Qué es lo que hay, vamos a ver, en las boticas españolas? ¿Es que hay cigarros, pongo por caso? ¿Es que hay pañuelos de bolsillo? ¿Es que hay artículos de escritorio…? ¿Qué diría un boticario español si un señor le pidiese una máquina fotográfica? Y si una señora se acerca a la botica con el propósito de tomarse un helado, o un chocolate, o una taza de caldo, ¿es que el boticario conservaría ante ella su ecuanimidad?

Pues aquí, en las boticas venden verdaderamente de todo. Cigarros y artículos de escritorio, pañuelos de bolsillo y máquinas fotográficas, chocolates y helados y tazas de caldo. Venden sellos de correo, venden cacerolas, venden bombones, venden despertadores, venden máquinas de afeitar, venden fonógrafos y hasta creo que venden medicamentos.

La gente, a falta de cafés, se pasa aquí el día en las boticas. Ante los mostradores de mármol hay siempre varias mujeres y algunos hombres tomando refrescos. Con frecuencia un cliente quiere ensayar un fonógrafo, y la botica se llena me melodías gangosas.

Lejos del mostrador, la gente examina los puestos de libros, las vitrinas de bisutería, los álbunes de música, hay luz, hay risas, hay buen olor… Un europeo vacilaría mucho antes de confiarle a ninguno de estos boticarios la confección de una receta.

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